Con Zeltia y Antía me une algo muy especial: su papá. Él es de “la pandilla” , el grupo de niños y niñas que veraneábamos en San Felipe o “El Castillo “ como le llamamos al pueblo los que somos de allí … Desde los tres añitos y desde Junio hasta Octubre, durante más de veinte años, fuimos creciendo juntos mientras los veranos eran azules y mucho más largos que ahora. Me considero muy afortunado porque los vivimos como de película, en las bicis a todas partes, en la playa, en la ribera buscando cangrejos, almejas y descubriendo un mundo de peces y camarones, jugando al Monopoly cuando llovía en el bajo de mis abuelos, guardando las partidas de un día para otro porque nunca había prisa. Aprendimos juntos a nadar sin flotador, a tirarnos desde el “muelle nuevo”, también descubrimos que “hacer la digestión 2 horas” antes de ir al agua era una trola de nuestras madres para que pudiesen estar más tranquilas. Tuvimos nuestras primeras peleas pero también aprendimos a perdonarnos, nuestros primeros amores y desamores de adolescencia, las noches de fiesta que no se terminaban hasta el amanecer junto al fuego, las guitarras en la playa de “Detrás del Castillo” y un sinfín de momentos inolvidables que sin querer me ayudaron a ser quien soy ahora, gracias a la suerte de tener unos amigos y amigas “perfectos”, a los que siempre llevaré conmigo.

Ahora viene otra generación, nuestros hijos también juegan y crecen en sus veranos del Castillo y parece que fue ayer cuando nos preguntábamos cómo serían nuestras vidas en un tiempo muy muy lejano que ya está aquí. Por eso cuando Bea y Eladio me propusieron hacer las fotos de sus niñas lo tuvimos claro. Vinieron antes de la comunión para preparar marcalibros y recordatorios para entregar ese día a sus invitados, pero la sesión de después sería en el Castillo sí o sí. Así que cuando vinieron al estudio nos lo pasamos genial, son muy divertidas y posaron como sólo lo hacen las niñas de comunión, felices y dejándose llevar, encantadas con sus vestidos, sus zapatos y el ventilador con las melenas al viento. Esperamos a encajar agendas y que el tiempo acompañase, así que la luz era perfecta y nos dejó recuperar la sensación de esos veranos de libertad, de juegos, de despreocupación y alegría infantil. Antía y Zeltia son hermanas y cómplices, son distintas pero iguales, se entienden, se ayudan, se toman el pelo la una a la otra y derrochan vitalidad. Total que a nosotros, que no tenemos niñas, nos encandilaron.

Felicidades a las dos y a vuestros papás y deciros que nos sentimos muy afortunados de acompañaros en vuestro camino.

Carlos

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